
Cuanto envidiaba a los que podían ir a la escuela, mientras yo tenía que cuidar de los niños de doña Marina, eran años difíciles para muchos... que pena.
Ahora, aunque mayor y con achaques, no falto nunca a la escuela, estoy contentísima. Cuando este verano vaya al pueblo, leeré sin que me ayudes los nombres de las calles.
Recuerdos a la familia y para ti un abrazo de tu amiga que lo es
Trini.
Querida amiga.
ResponderEliminarQué bonito mensaje el de este tema epistolar que has escrito. Me recuerda tantos casos de personas mayores que, gracias a Dios, hoy tienen la oportunidad de asistir a las aulas de adultos para intentar paliar aquella frustración de su niñez.
Y es que lo más hermoso es el conocimiento de las cosas, como base para entender la vida.
Gracias por compartirlo.
Besitos. Carmendy