
Mis vecinas del piso de abajo se quejaban constantemente de que le aparecían en la bóveda del comedor unas manchas y me recriminaban que yo al fregar no recogía bien el agua, y que esta humedad al estar en contacto con los hierros del encofrado de la estructura del edificio se oxidaban. Yo me defendía de la mejor manera posible y quería que comprendieran que tanta agua no usaba para fregar como para que se calase el techo y que además procuraba quedar el suelo lo más seco posible, y sobre todo que como mi mesa camilla era muy grande y la tarima muy pesada, normalmente no fregaba a diario por debajo. Aun así, eran cada vez más numerosas las manchas, a las que no encontrábamos explicación.
Por problemas de salud tuve que estar fuera de casa más de un mes y cuando volví, ellas me pidieron disculpas toda vez que habían comprobado que a pesar de mi ausencia las manchas seguían aumentando; a esto tendríamos que buscarle una solución y para ello hicimos venir a un albañil el cual descubrió la bóveda y allí estaba el problema, se encontró con varias camadas de ratas que tenían sus nidos entre las bovedillas, le puso veneno y, el misterio quedó aclarado.
Amgia Teresa:
ResponderEliminarMe gustan estas escenas cotidianas narradas con tanto encanto y sencillez, no sin un cierto tono de humor.
Enhorabuena, amiga.
Un abrazo, Antonia